Alpinismo y gestión de crisis

13/12/2018

Alpinismo y gestión de crisis

13/12/2018

Hace ocho años que practico montañismo. Es una actividad fascinante, hermosa, que me conecta con mi superación personal y con la libertad. También es una actividad riesgosa. A medida que uno sube el desafío, más peligrosa se vuelve. De allí que una de las cuestiones centrales en el alpinismo, cualquiera sea la disciplina que se practique, es la gestión del riesgo y de la crisis.

En esta actividad, más de una vez me encontré ante situaciones críticas. ¿Cómo manejarlas? ¿Cómo gestionarlas a nuestro favor? ¿Cómo evitar el pánico? Y más importante, ¿cómo superarlas? Lo mismo termina aplicando a la vida, a los negocios y a las organizaciones. Décadas de experiencias de grandes alpinistas, quizá puedan ayudarnos un poco. He aquí los tips que he encontrado más útiles.

Confía en el entrenamiento (pero previamente, entrena!)

La gente que no practica este tipo de deportes suele preguntarnos qué nos impulsa a hacer estas actividades: ¿Será por el paisaje? ¿Será porque somos adictos a la adrenalina? ¿Es porque queremos batir nuevos récords?

La respuesta es más sencilla: Escalamos montañas porque nos transforma a nosotros mismos.

Escalar montañas a consciencia exige que nos transformemos en una mejor versión de nosotros mismos.

Eso mismo sucede con las organizaciones, los emprendimientos, los negocios y la vida misma. Si uno hace el proceso de forma consciente, fija un objetivo acorde a uno mismo y entrena adecuadamente para el próximo objetivo, termina transformándose. Uno adquiere las habilidades y capacidades necesarias para alcanzar ese próximo objetivo.

Si uno lo hace conscientemente, cuando baja de esa montaña es una persona diferente a la que empezó a subirla, y es una persona diferente a la que empezó a entrenar para subirla.

Cada nuevo objetivo en tu vida va a exigir una nueva y mejor versión de vos mismo.

Entrenar automatiza algunas respuestas que nos hace más eficientes ante el estrés que significará el nuevo objetivo.

Por eso, en las situaciones de riesgo en montaña, uno tiene que confiar en el entrenamiento. En todo ese proceso de transformación y adquisición de nuevas habilidades y capacidades. Si uno las incorporó adecuadamente, estará en condiciones para afrontar en forma eficiente (automáticamente y con menor pérdida de energía) las situaciones de riesgo.

Desde ya, esta premisa supone varios extremos: el objetivo tiene que ser acorde con nuestras capacidades y con el entrenamiento (no es aconsejable pasar de una montaña de 2000 metros a una de 8000, sin adquirir experiencias intermedias); no hay que sobrevalorar nuestras capacidades y; sobre todo, hay que entrenar para desarrollar las nuevas capacidades y para fortalecer la mente!!

Mens sana in corpore sano

No pierdas de vista el valle, pero actúa en el presente

En situaciones de crisis o riesgo, podemos perder el foco. ¿Nos ocupamos de lo importante, de lo urgente? ¿Actuamos para salvar el negocio o para sortear la situación actual? ¿Ambas cosas apuntan a lo mismo?

Uno de los primeros consejos que me dieron cuando empecé con el alpinismo fue: nunca pierdas de vista el valle. La cumbre siempre es la mitad del camino. La aventura siempre termina en el campo base, una vez que regresamos.

Claro que ante una situación de riesgo o crisis, hay que actuar en el presente, atendiendo las urgencias y situaciones que se vayan presentando. Pero sólo para estabilizarlas y volver a focalizarse en el valle.

Las urgencias deben atenderse para estabilizarlas e integrarlas en la visión de largo plazo.

Esto es algo que se enseña en los cursos de primeros auxilios en este tipo de ambientes: atender la urgencia y estabilizar al accidentado para poder sacarlo del lugar agreste hasta un hospital.

Se atiende la urgencia, para integrar este hecho en el plan de largo plazo que siempre es volver al valle.

Esto me recuerda un ascenso al cerro San Bernardo, en Mendoza. En la cumbre nos agarró una tormenta. No se veía más allá de cinco metros a la redonda de uno. Niebla, nieve y el precipicio que amenazaba. Estaba solo, así que mi primera acción fue unirme a un grupo de escaladores marplatenses (la unión hace a la fuerza y varias cabezas piensan mejor que una sola).

Bajamos casi a ciegas.

Lo primero que hicimos fue un repaso mental de la ruta e identificamos dónde estaba el valle. Y dónde estaba el precipicio (la ruta hace una L, no doblar en el preciso momento implicaba terminar en el precipicio).

Uno de los trabajos del montañista es memorizar la ruta cuando va subiendo e identificar el valle en cada ángulo de su subida. Esto permite automatizar la bajada en caso que haya que descender sin mucha visibilidad.

Con el objetivo de llegada definido, trazamos la estrategia de descenso.

Atendíamos cada urgencia que se presentaba (frío de alguna de las personas, cansancio, lastimaduras, sed, etc.) sin descuidar nuestra visión de largo plazo: el valle.

Llegamos sanos y salvos. A algunas urgencias se les prestó más atención que a otras. Algunas situaciones no se abordaron y se pospusieron hasta llegar al campo base. Todo lo que implicaba poner en riesgo el descenso se pospuso. Estas decisiones estratégicas sólo tienen sentido una vez que uno identificó el valle. En una situación de riesgo, el valle es el objetivo principal.

Hacé. Está presente y mantené una atención plena

Hoy en día se habla mucho del mindfulness, que se ha traducido como atención plena o plena conciencia/presencia.

En las situaciones de riesgo o crisis, conviene estar presentes en el hoy, en el momento. Mantener una atención plena a lo que está sucediendo.

Cuando estoy subiendo una ruta en solitario suelo concentrarme en el sonido y ritmo de mis pasos y de los bastones chocando contra el suelo. En algún momento forman un compás rítmico. En ese momento me doy cuenta que estoy inmerso en el presente, en total comunión. Estoy fluyendo y atento a todo lo que me rodea. La percepción es total. No es estar concentrado en algo, es estar en comunión con el momento presente.

Cuando hay crisis o situaciones de riesgo sucede lo mismo. Toda crisis genera estrés y cuanto más nos focalizamos en algo, se nos escapan otras mil cuestiones importantes. Concentrarnos demasiado en algo genera estrés y agotamiento. Esto lo explica Mark Twight, al señalar que “una mente consciente lo absorbe todo. En lugar de concentrarse en una sola tarea o en un único elemento de una situación, tiene en cuenta todos los aspectos. Hacer esto requiere el abandono de uno mismo para convertirse en la misma acción. Sólo de esa forma, sin elegirlo, sin ansiedad y sin dirigir la atención de manera consciente es cuando hay una verdadera percepción. A través de esa percepción puedes actuar correctamente ante las siempre cambiantes circunstancias de la montaña y encontrar tu propio lugar dentro de la misma.” El autor define a la consciencia “como la atención sin los agobios del pensamiento o el enjuiciamiento” (Mark Twight / James Martin, Alpinismo extremo. Escalar alto, rápido y ligero).

Estar presentes y conscientes nos permite hacer, estar perceptivos y no pensar por demás.

Nos permite darle la importancia necesaria a las cosas y seguir hacia adelante. Hacia el valle.

En los momentos de crisis o riesgo, uno tiende a querer focalizarse demasiado en cada problema, piensa por demás, se agobia, la cabeza no para o entra en pánico, se paraliza, no sabe qué hacer, etc.

Definí tu objetivo, visualizá el valle y empezá a hacer lo necesario para llegar ahí. Hacer te vuelve consciente con tu objetivo y evita el exceso de pensamiento y el pánico.

Cada pequeño paso en dirección al valle, es un paso en la dirección correcta. Cada nuevo paso lleva a otro paso. No dejes de hacer. Hacer quita el estrés mental. Evita el pánico.

Finalmente, no desistas

Las grandes proezas y hazañas del montañismo mundial se deben a la fuerza de voluntad de sus protagonistas. Cuando todo parecía perdido, cuando la estadística y los pronósticos estaban en contra, estas personas han encontrado una fuerza de voluntad indomable que los ha llevado a la supervivencia.

La persistencia es la clave del éxito. Te impulsa a seguir. Cuando los pensamientos negativos te invadan, seguí hacia adelante, en dirección al valle. Seguí haciendo. No desistas.

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